Recorro el dial y doy con una tertulia sobre la mujer y los puestos directivos. Me interesa, me paro. La he pillado a la mitad, así que desconozco los nombres de los participantes. Uno de ellos -hombre- ha publicado un libro sobre el tema, con entrevistas a grandes directivos, hombres y mujeres.
El programa está a cargo de una mujer y da la impresión de que de manera habitual tratan temas de igualdad. Está interesante. De pronto la moderadora me deja boquiabierta y presta a sacar las uñas. "Entonces -dice, con voz pícara- tú que les conoces a fondo, ¿qué diferencias hay entre el directivo hombre y la directiva mujer? porque está claro que nosotras somos más... astuuutaas". Ese astutas me suena a malignas, conspiradoras, aplastacabezas, maquiavélicas, traidoras (por no citar especies animales en su sentido más humanamente peyorativo, términos auténticamente machistas y que desde hoy lucho por erradicar de mi vocabulario, donde por desgracia se encuentran bastante incorporados).
Siento que se me hincha la vena de la sien derecha y me sublevo contra esa idea que oigo repetir a más de una mujer "es que nosotras somos más malas". "Pues seréis tú y tus amigas que sois una panda de arpías", me dan ganas de contestar, porque yo no pienso eso de las que me rodean, ni de mí misma.
Y es que a veces somos nuestra propia trampa. Hasta que no aprendamos a vernos como personas, en general -hay tías geniales y tíos geniales, de la misma forma que hay mujeres veneno como hay hombres veneno- no alcanzaremos la igualdad.
Claro que también caemos en otros errores porque ¿quién me asegura a mí que adiviné bien la intención de la periodista? A lo mejor le di mi propia interpretación, desde una perspectiva de auto-defensa. Tal vez para alcanzar la igualdad también tenemos que aprender a no ser tan susceptibles, a eliminar ciertos complejos, ciertas ideas preconcebidas sobre lo que los demás piensan.
Queda mucho por hacer, desde todos los ángulos.
LA ACERTADA VISITA DE LA SENHORA REGINA PALMER DOS SANTOS
Hace 5 semanas
3 comentarios:
Sepas que sí que tienes amigas arpías, yo se de una que metió a su hija menor hasta las trancas de virus estomacales en casa de su santa madre tres días antes de que a esta última la intervinieran quirurgicamente, jurando y perjurando que eso no se pegaba y que su promgenitora era totalmente hipocondríaca y neurótica. Pero la divina providencia ha castigado a esta perraca y mala hija y le ha lanzado un rayo fatal que la tiene retorcida de dolor en la silla de su oficina y toda la mañana cagando leches (nunca mejor dicho)en el WC comunal de oficina y registro, un panorama vamos. Así que aprovecho este espacio para decir que las mujeres somos malas, perversas y viciosas, y qué.
Pues seréis tú y tus amigas ¿te conozco?
Si mon coeur, claro que me conoces aunque la próxima vez que me veas en el tejado te pareceré un gato flaco y desarrapado.
Publicar un comentario